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<body>
<p>ISSN 1133-598X · Vegueta·10/08 · página 131</p>

<p>V</p>

<p>ANÁLISIS DE AUTOCORRELACIÓN ESPACIAL</p>

<p>EN VARIABLES DE BIENESTAR EN LA ARGENTINA</p>

<p>Guillermo Velázquez · Santiago Linares</p>

<p>Facultad de Ciencias Humanas. Universidad Nacional del Centro de la
Provincia de Buenos Aires. Tandil</p>

<p>Investigador Principal y Becario CONICET</p>

<p>RESUMEN</p>

<p>La observación de la distribución de las variables que intervienen en el
estudio del bienestar de la población no siempre brinda una buena medida de su
asociación espacial o las interdependencias existentes. Ello implica la
necesidad de utilizar técnicas estadísticas que permitan cuantificarlas.</p>

<p>Nuestro interés se centra en el estudio de la asociación espacial para
determinar si existe autocorrelación positiva o negativa entre los atributos.
Presentamos una comparación de las medidas mencionadas a las distintas
variables socio-económicas y ambientales que intervienen en el índice de
bienestar en la Argentina a nivel departamental en 1991 y 2001.</p>

<p>.</p>

<p>PALABRAS CLAVE</p>

<p>Autocorrelación espacial, Bienestar socio-económico, Argentina .</p>

<p>ABSTRACT</p>

<p>The visualization of distribution of variables in the study of Quality of
Life doesn’t always offer a good measure of the space association or the
existent interdependences among these variables. It implies the necessity to
use statistical techniques that allow to quantify them.</p>

<p>Our interest is centred in the study of the spatial association to determine
if it exists positive or negative autocorrelación among the attributes. We
present an application from the aforementioned measures to the different
socio-economic and environmental variables that are involved in the Argentina
Quality of Life index at departmental level.</p>

<p>KEY-WORDS</p>

<p>Spatial autocorrelation, Socio-economic well-being, Argentina</p>

<p>Vegueta. Número 10. Año 2008</p>

<p>Anuario de la Facultad de Geografía e Historia</p>

<p>Universidad de Las Palmas de Gran Canaria</p>

<p>ISSN 1133-598X. Páginas 131 a 144</p>

<p>ISSN 1133-598X · Vegueta·10/08 · página 132</p>

<p>I. INTRODUCCIÓN</p>

<p>El análisis del patrón de distribución de datos forma parte de uno de los
intereses básicos dentro de la Geografía y de los SIG. Una de las principales
pruebas en este sentido consiste en el estudio de la autocorrelación
espacial.</p>

<p>La autocorrelación mide la correlación de una variable consigo misma, ya
sea a través del tiempo o del espacio. La autocorrelación espacial es
entonces un caso particular de autocorrelación.</p>

<p>En general se acepta que exista autocorrelación espacial siempre que haya
una variación espacial sistemática en los valores de una variable a través
de un mapa. Si valores altos de una posición (lugar) están asociados con
valores altos de lugares vecinos, la autocorrelación espacial es positiva y
cuando los valores altos y bajos de las variables alternan entre ubicaciones
adyacentes la autocorrelación espacial es negativa (el típico ejemplo de
tablero del juego de ajedrez). En otras palabras, si no hay relación entre los
valores de variables, xi y xj en los lugares i y j de un mapa, se habla de
falta de autocorrelación espacial, es decir se exhibe un patrón aleatorio
entre los valores de la variable y la ubicación geográfica del dato. Griffith
(1988) y Goodchild (1987) señalan que en la autocorrelación espacial
intervienen ambos: la ubicación y la información o atributo.</p>

<p>La autocorrelación espacial está relacionada con el grado con el que los
objetos o actividades de un mismo lugar sobre la superficie de la Tierra son
similares con otros objetos o actividades ubicadas cerca y refleja “la primer
ley de geografía de Tobler” que sostiene que todo está relacionado con
algo, pero las entidades próximas están más relacionadas que las
distantes.</p>

<p>Ahora bien, para determinar si los valores en un mapa se desvían
significativamente de uno cuyos valores han sido asignados aleatoriamente, es
decir, para estudiar si hay o no presencia de autocorrelación espacial, es
necesario contar con medidas, índices, que permitan la comparación del
comportamiento esperado ante independencia espacial y en el comportamiento
observado de la variable en el conjunto de datos1.</p>

<p>II. APLICACIÓN DEL ÍNDICE DE AUTOCORRELACIÓN</p>

<p>DE MORAN A LA ARGENTINA</p>

<p>1. LA GEOGRAFÍA Y LA AUTOCORRELACIÓN</p>

<p>ESPACIAL</p>

<p>El agrupamiento de objetos o unidades con características similares es un
hecho que se verifica, en gran medida, en los órdenes más diversos. La
auto-afinidad resulta así una cuestión inherente no sólo al territorio, sino
a la mayoría de las categorías ontológicas.</p>

<p>No es de extrañar, por ende, que la mayoría de los hechos geográficos
tiendan a poseer autocorrelación espacial positiva. Las características
socioeconómicas y ambientales propias del territorio suelen mostrar cierto
grado de afinidad, ya sea por partir de procesos y condiciones
socio-económicas o ambientales similares, como por los típicos procesos de
difusión que se producen entre áreas contiguas. A menos que existan factores
de ruptura o de discontinuidad muy fuertes, la situación normalmente esperable
sería la de cierta homogeneidad espacial.</p>

<p>El índice de Moran nos permite relacionar en forma conjunta la dependencia
entre lugares próximos y valores de variables o atributos que nos interesan.
Al vincular número y lugar (y no el número en forma aislada) se logra que la
percepción de una herramienta visual típica de la geografía como un mapa
temático pueda asociarse con un componente menos subjetivo.</p>

<p>Dado que algunos indicadores, por su naturaleza, tienen mayor tendencia a
esta autocorrelación, mientras otros, por depender de factores puntuales,
pueden comportarse más aleatoriamente, resulta de interés la aplicación de
un índice que nos permita dimensionar estas pautas de distribución.</p>

<p>Por otra parte el intenso proceso de fragmentación social propio de los
noventa aumenta el grado de contradicción en el territorio posibilitando la
coexistencia en un ámbito muy cercano de enclaves brillantes en contextos
opacos y viceversa.</p>

<p>Hasta ahora habíamos carecido de un indicador sintético de la
distribución de una variable en el espacio, por lo que en el siguiente punto
nos valdremos de una actualización del índice de Moran (Getis y Ord, 1992)
para poner en su justa dimensión la distribución espacial de una serie de
indicadores referidos al grado de bienestar de la población Argentina a
principios del XXI y su comparación con la situación previa (1991); es decir,
resumiremos cuantitativamente el comportamiento de una variable de interés.</p>

<p>De este modo se busca profundizar los resultados obtenidos en un trabajo
previo (VeISSN</p>

<p>1133-598X · Vegueta·10/08 · página 133</p>

<p>V</p>

<p>lázquez, Cepeda 2005), en el que habíamos medido la autocorrelación
espacial de cada una de las variables que integran el mapa del bienestar en
1991 (502 unidades), permitiéndonos establecer cuáles de ellas presentaban
mayor o menor concentración u homogeneidad (contigüidad espacial), así como
también aquellas en los que el comportamiento resultaba prácticamente
aleatorio. En este trabajo realizaremos un procedimiento análogo con la
última información disponible (2001), de modo tal que posibilite una
comparación que nos permita establecer rupturas y continuidades en el
comportamiento de las variables.</p>

<p>2. LOS INDICADORES PARA EL MAPA DEL BIENESTAR EN LA ARGENTINA</p>

<p>Antes de proseguir con la cuestión de la autocorrelación espacial debemos
mencionar rápidamente cuales son los indicadores utilizados para establecer
los mapas del bienestar en la Argentina en 1991 y 2001.</p>

<p>A partir de información censal, de otras fuentes estadísticas y de
trabajos previos de investigación hemos implementado un SIG que abarca todos
los departamentos de la República Argentina en 1991 y 2001, y cuyo propósito
central es la determinación de niveles de diferenciación de las condiciones
de vida de la población.</p>

<p>La definición ajustada de un índice de calidad de vida “objetivo” no
es una tarea sencilla ni universalmente válida. Basándonos en nuestras
propias experiencias y en trabajos previos de investigación ampliamente
discutidos en ámbitos específicos2, hemos utilizado, por un lado, las
dimensiones socioeconómicas de educación, salud, vivienda y, por el otro, las
condiciones ambientales y de atracción del paisaje para estimar niveles de
calidad de vida de la población argentina.</p>

<p>A continuación explicaremos los indicadores seleccionados para cada una de
estas dimensiones.</p>

<p>DIMENSIÓN EDUCACIÓN:</p>

<p>PARA 1991</p>

<p>• Porcentaje de población que ya no asiste y con nivel de instrucción
alcanzado menor a primario completo (elaborada a partir del cuadro p13-d del
Censo 1991).</p>

<p>• Proporción de población que ya no asiste y con nivel de instrucción
alcanzado universitario completo (elaborada a partir del cuadro p13-d del Censo
1991).</p>

<p>Para 2001</p>

<p>• Porcentaje de población de 15 años o más que ya no asiste y con nivel
de instrucción alcanzado menor a primario completo (elaborada a partir del
cuadro 7.8 del Censo 2001).</p>

<p>• Proporción de población de 15 años o más que ya no asiste y con
nivel de instrucción alcanzado universitario completo (elaborada a partir del
cuadro 7.8 del Censo 2001).</p>

<p>La importancia de ambas variables reside en su poder de discriminación de
los extremos de la pirámide educativa. Aunque el ciclo primario sea
formalmente obligatorio en la Argentina, su incumplimiento evidencia diversas
situaciones de adversidad: temprana inserción en el mercado laboral, escaso
patrimonio cultural familiar, dificultades de acceso (espacial, cultural) a los
establecimientos educativos…; estos y otros factores tienden a retroalimentar
un círculo vicioso que disminuye las posibilidades de desarrollo y promoción
social de vastos sectores sociales. En contraposición, quienes culminan sus
estudios universitarios han podido retrasar su edad de ingreso a la PEA y se
encuentran más representados entre los sectores sociales medios y altos,
fundamentalmente urbanos, ya que la accesibilidad constituye un factor decisivo
a la hora de establecer el nivel de oportunidades educativas. Una vez
alcanzados, y a pesar del proceso de devaluación de las “credenciales
educativas”3 , serán un elemento muy significativo, entre otros factores,
para la ampliación de “horizontes” y el incremento de oportunidades; muy
especialmente para la inserción en el mercado laboral, vector decisivo en la
génesis de la estructura social y, por ende, en las condiciones de vida de la
población.</p>

<p>DIMENSIÓN SALUD:</p>

<p>PARA 2001</p>

<p>• Tasa de mortalidad infantil (TMI) según lugar de residencia de la madre
para los años 1994, 1995 y 1996. (Ministerio de Salud. Dirección de
Estadística). Estos son los años más cercanos disponibles para principios de
los años noventa en el nivel departamental y se toma la media de los tres
años para disminuir las oscilaciones aleatorias propias de esta tasa.</p>

<p>• Porcentaje de población sin obra social ni mutual (elaborada a partir
del cuadro 7d del Censo 1991).</p>

<p>Para 2001</p>

<p>• Tasa de mortalidad infantil (TMI) según lugar de residencia de la madre
para los años 2000, 2001 y 2002. (Ministerio de Salud. Dirección de
Estadística). Al igual que para los noventa estos son los años más cercanos
disponibles al Censo 2001 en el nivel departamental y se toma la media de los
tres años para disminuir las oscilaciones aleatorias propias de esta tasa5.</p>

<p>• Proporción de población sin cobertura por obra social, plan de salud
privado o mutual</p>

<p>ISSN 1133-598X · Vegueta·10/08 · página 134</p>

<p>(elaborada a partir del cuadro 6.3 del Censo 2001).</p>

<p>La TMI constituye uno de los indicadores fundamentales para establecer el
nivel de salud de una población, ya que está afectada por una serie de
factores que poseen fuerte determinación social. Más allá de la acción del
sistema sanitario, los factores socioeconómicos que más inciden sobre la TMI
son el nivel de instrucción de la madre y el estrato ocupacional del padre6.
Es decir, que en un contexto socio-económico adverso la multiplicación de
establecimientos sanitarios o de recursos humanos puede reducir la TMI, pero
solo hasta cierto punto, ya que la estructura social determinará igualmente
sectores más vulnerables. La disponibilidad y confiabilidad de la información
es variable. Así no se dispone de las tasas departamentales de Santiago del
Estero para 1994 ni las de Buenos Aires para 1996 y resulta evidente el
subregistro y las oscilaciones aleatorias de esta tasa en algunos
departamentos. La información sobre cobertura social complementa a la de TMI,
reflejando indirectamente la proporción de población “contenida” en el
sistema de salud y en la estructura económica, ya que abarca, a trabajadores
en relación de dependencia y a aquellos que, siendo cuentapropistas, disponen
de ingresos suficientes para poder pagar un plan de salud en el mercado.</p>

<p>DIMENSIÓN VIVIENDA Y EQUIPAMIENTO:</p>

<p>PARA 1991</p>

<p>• Porcentaje de población que reside en viviendas que carecen de inodoro
de uso exclusivo9. (Elaborada a partir del cuadro v6-d del Censo de 1991).</p>

<p>• Proporción de hogares hacinados, considerando aquellos que superan las
2 personas por cuarto. (Elaborada a partir del cuadro v8-d del Censo de
1991).</p>

<p>PARA 2001</p>

<p>• Porcentaje de población que reside en hogares que tienen inodoro sin
descarga de agua o carecen de inodoro. (Elaborada a partir del cuadro 4.6 del
Censo 2001).</p>

<p>• Proporción de población en hogares hacinados, considerando como tales
a aquellos que superan las 2 personas por cuarto. (Elaborada a partir del
cuadro 4.8 del Censo 2001).</p>

<p>La carencia de un elemento tan básico como el retrete pone en evidencia el
déficit de equipamiento de las viviendas. Este elemento depende de la
situación individual del hogar y, a diferencia de otros como provisión de
agua o alcantarillado, es independiente de su localización respecto de una red
establecida. La relación de personas por cuarto muestra un aspecto
cuantitativo: la deficiencia de la vivienda en relación con la cantidad de
moradores. Aunque el criterio censal en 1991 y 2001 establezca un umbral de 3
personas por cuarto para determinar el hacinamiento, ya que su propósito es la
medición de la pobreza; nosotros, para la medición de la calidad de vida,
hemos optado por disminuir este umbral a 2 personas por cuarto. Así, para los
Censos un matrimonio con 4 hijos que reside en una vivienda con dos
habitaciones no estaría hacinado (NBI por hacinamiento), mientras que, según
el criterio que hemos establecido, sí lo estaría.</p>

<p>RIESGOS AMBIENTALES Y ATRACCIÓN DEL PAISAJE:</p>

<p>La Argentina es un país caracterizado por gran diversidad de ambientes y
singular riqueza en recursos naturales. Unos y otros pueden actuar en
detrimento o en beneficio del bienestar de la población. Dentro de estos
ambientes se manifiestan problemas asociados con la dinámica natural que
inciden negativamente sobre la población, los que se manifiestan como
desastres y alteraciones que afectan a la sociedad que habita en esos
territorios. Entre ellos consideraremos:</p>

<p>• Áreas con problemas de inundabilidad (Elaborado a partir de mapas de
riesgo de inundación, citados por Di Pace, 1992).</p>

<p>• Zonas con diferentes coeficientes y escalas de sismicidad (Elaborado a
partir del mapa de sismicidad en Argentina de Chiozza et al, 1987).</p>

<p>• Territorios afectados por tornados (Elaborado a partir de mapas de
riesgos naturales en la Argentina, publicados en 1997 por Geosistemas).</p>

<p>• Regiones con deterioros de suelos (Elaborado a partir del mapa de
erosión de suelos de la FECIC, 1988).</p>

<p>También los elementos del paisaje se comportan como factores de amenidad
que permiten mejorar o no el bienestar de la población; de allí que para su
valoración hemos considerado importante aproximarlos de alguna forma en cada
unidad de análisis. Ante la dificultad de recrear una metodología de
análisis del paisaje hemos considerado:</p>

<p>• Porcentaje de viviendas de veraneo y de fin de semana (Elaborado a
partir de los cuadros v13-d del Censo 1991, por provincias y departamentos).</p>

<p>• Proporción de casas de veraneo/fin de semana (Elaborado a partir del
cuadro 3.4 del Censo 2001).</p>

<p>Estos indicadores fueron incorporados al SIG para elaborar los
correspondientes mapas teISSN</p>

<p>1133-598X · Vegueta·10/08 · página 135</p>

<p>V</p>

<p>máticos y los índices de autocorrelación espacial. (Cuadro 1).</p>

<p>3. ANÁLISIS DE LOS RESULTADOS</p>

<p>A) LA SITUACIÓN EN LO QUE RESPECTA A LA</p>

<p>EDUCACIÓN DE LA POBLACIÓN MUESTRA FUERTES DIVERSIDADES.</p>

<p>EN LA DÉCADA DE 1990:</p>

<p>Considerando a la población que no alcanzó a terminar los estudios
básicos (mapa 1), el NOA y NEA aparecen en una situación muy desfavorable,
especialmente en aquellas áreas situadas fuera de las capitales provinciales y
ciudades intermedias. También es muy mala la posición de la meseta
patagónica y zonas localizadas fuera de los núcleos urbanos principales.
Dentro de las regiones Pampeana y Cuyana también resulta nítida la diferencia
entre las áreas centrales y sus respectivas periferias. La única región con
bajos niveles es el Gran Buenos Aires, probablemente porque la accesibilidad
contribuya a cumplir, al menos, con la educación básica y obligatoria.</p>

<p>La población con nivel de instrucción universitario, por su parte, (mapa
3) alcanzaba sus menores niveles en el NOA y NEA, especialmente fuera de las
principales áreas urbanas en donde se situaban las universidades. Esta
vinculación con la localización se repite en todas las regiones, incluso en
el Gran Buenos Aires, donde resulta contrasta fuertemente la diferencia en el
nivel educativo alcanzado por la población de Buenos Aires y partidos del
primer anillo y segundo anillo del conurbano.</p>

<p>EN EL 2001:</p>

<p>La proporción de población que no alcanzó a terminar el nivel primario se
muestra más fragmentada que durante los noventa. Si bien, en términos
genéricos, se advierte cierto incremento de la escolaridad básica10 tenemos,
por un lado, departamentos con situaciones más favorables mientras que, por el
otro, algunos lugares incrementan su déficit educaCuadro</p>

<p>1</p>

<p>Coeficiente de autocorrelación espacial de indicadores</p>

<p>de bienestar en la Argentina (1991-2001)</p>

<p>Año Educ. O. Sin Viv.Fin Índice Índice</p>

<p>&lt;1ría Univer. TMI Social Retrete Hacinam Semana Ambien. Bienestar</p>

<p>1991 0,56 0,21 0,18 0,57 0,78 0,78 0,15 0,58 0,60</p>

<p>2001 0.63 0.32 0.30 0.67 0.75 0.76 0.11 0,58 0.65</p>

<p>Referencias: Educ&lt;1ria: Porcentaje de población con nivel de
instrucción menor a primario completo, Univer: Porcentaje de población con
nivel de instrucción universitario completo, TMI: Tasa de mortalidad infantil,
O. Social: Porcentaje de población sin obra social, Sin Retrete: Porcentaje de
viviendas sin inodoro de uso exclusivo, Hacinam: Porcentaje de población
residente en viviendas con más de 2 personas por cuarto, Viv. Fin Semana:
Porcentaje de viviendas de veraneo o fin de semana, Índice Ambiental: Índice
de calidad ambiental, Índice Bienestar: Índice de Bienestar.</p>

<p>tivo (mapa 2). Al igual que durante los noventa el NOA y el NEA aparecen en
una situación muy desfavorable, especialmente en una amplia zona de contacto
entre ambas regiones. También es muy adversa la situación de la meseta
patagónica norte y zonas localizadas fuera de los núcleos urbanos
principales.</p>

<p>Dentro de las regiones Pampeana y Cuyana también resulta nítida la
diferencia entre las áreas centrales y sus respectivas periferias. La única
región con niveles bajos y medios continúa siendo el Gran Buenos Aires,
probablemente porque su mejor accesibilidad relativa contribuya a cumplir, al
menos, con la educación básica y obligatoria.</p>

<p>Si bien el incremento, en términos genéricos, de la escolaridad básica
parece auspicioso, es probable que esto tienda más a reflejar mayor
contención en el sistema educativo formal que mejoras en los resultados
alcanzados.</p>

<p>Al conocido fenómeno de devaluación de las credenciales educativas se suma
el rol crecientemente asistencialista que se le hizo asumir a la escuela
pública para intentar mitigar algunos de los resultados que produjo la
profundización del ajuste neoliberal durante los noventa.</p>

<p>Entre 1991 y 2001, a pesar del ajuste y la disminución del presupuesto
educativo, se crearon varias universidades en diferentes puntos del país y se
inicio la oferta de “carreras virtuales” (vía Internet), incrementándose
así la oportunidad de acceso a algunos sectores de la población. Este
fenómeno, junto con la mayor estrechez y competitividad de un mercado laboral
cada vez más restringido, trajo consigo un incremento de la proporción de la
población universitaria entre 1991 y 2001.</p>

<p>Es por ello que el mapa respectivo en el 2001 (mapa 4), también alcanza sus
menores niveles en el NOA y el NEA, incluso con mayor concentración que la
registrada durante los noventa. A las escasas condiciones que brinda la
estructura social para acceder a estudios universitarios a la enorme
mayoría</p>

<p>ISSN 1133-598X · Vegueta·10/08 · página 136</p>

<p>de la población, se suma que la presencia de universidades en el norte del
país se restringe casi exclusivamente a las capitales provinciales, que logran
así escapar un poco de los exiguos guarismos regionales.</p>

<p>Esta vinculación con la localización de las universidades11 se repite en
todas las regiones, inclusive en el Gran Buenos Aires, donde contrasta
fuertemente la diferencia en el nivel educativo alcanzado por la población de
la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y de los partidos del primer y segundo
anillo del conurbano.</p>

<p>En la región Pampeana también se manifiesta una suerte de gradación del
centro hacia la periferia, mostrándose valores muy bajos de población
universitaria en el oeste pampeano y bajos en norte de Entre Ríos y Santa
Fe.</p>

<p>En Cuyo y Patagonia resulta más evidente la fragmentación educativa de la
sociedad y el territorio, plasmándose en ambas regiones la profunda
contradicción entre zonas urbanas con presencia de agentes vinculados con
procesos dinámicos y departamentos con predominio de actividades de
subsistencia.</p>

<p>Para el nivel nacional el grado de asociación espacial de ambos indicadores
(Cuadro 1) muestra que la escolaridad básica tiene mayor autocorrelación
(0,56 en 1991; 0,63 en 2001) que la universitaria, cuya distribución es
virtualmente aleatoria (0,21 en 1991; 0,32 en 2001). Esta tendencia,
consistente en ambos censos, obedece a que la población universitaria se
encuentra en estrecha vinculación con la localización de las universidades,
resultando así más azarosa su distribución espacial.</p>

<p>B) LOS NIVELES DE SALUD VARÍAN</p>

<p>SUSTANCIALMENTE EN LA ARGENTINA.</p>

<p>EN LA DÉCADA DE 1990:</p>

<p>Si consideramos la TMI (mapa 5) tenemos tasas altas (más de 25 por mil) en
grandes sectores del NOA y NEA. También, en menor medida, en el segundo y
tercer cordón del conurbano bonaerense y la meseta central patagónica.
También exhiben altas tasas algunos departamentos patagónicos cordilleranos,
del oeste pampeano, norte de San Juan, interior de Córdoba y San Luis. Lo
mismo ocurre en Entre Ríos sobre el eje fluvial del Río Uruguay y pampa
deprimida de la Provincia de Buenos Aires. Varios factores interactúan para
explicar este comportamiento. En primer lugar, la estructura social que priva
de sus legítimos medios de subsistencia a vastos sectores de la población,
relegándolos a una inserción marginal, que raya la mendicidad. También el
deficiente nivel de instrucción, especialmente el materno, es un factor
determinante a la hora de explicar las altas tasas de mortalidad infantil en
diversas zonas. La acción del sistema sanitario también es un componente que
debemos tener en cuenta, ya que en el marco del ajuste del Estado algunas
jurisdicciones (provinciales o municipales) asumieron en mayor o menor medida
el rol del sistema sanitario para intentar mitigar, a través de la provisión
de infraestructura (hospitales, centros de salud, etc.) o (en la minoría de
los casos) de personal, las contradicciones que generó la creciente
polarización de la estructura social en la salud de los argentinos.</p>

<p>La población que carece de cobertura social (mapa 7) también alcanza
porcentajes altísimos en el NOA y NEA (hasta 90% en algunos casos). Esto es
producto de la alta proporción de población que carece de inserción laboral
formal en un ámbito caracterizado por la alta composición de población
campesina y migraciones rural-urbanas que contribuyen sostenidamente a
incrementar un proletariado urbano desestructurado. El trabajo por cuenta
propia, las “changas” ocasionales y los planes de asistencia constituyen
las alternativas de subsistencia predominantes, tanto para generaciones
excluidas cuanto para los “nuevos pobres”, todo ello retroalimentado por la
alta fecundidad en ambas regiones. Sólo escapan a este cuadro general algunas
ciudades del NOA, muy particularmente en La Rioja12.</p>

<p>En el resto del país, en general, los niveles de cobertura de salud u obra
social también resultan muy poco satisfactorios. Los dos cuartiles siguientes
muestran que el 75% de los departamentos de la Argentina tienen más de la
tercera parte de sus residentes despojado de este servicio básico. Sólo se
sitúan por debajo de esta proporción la ciudad de Buenos Aires junto con
algunos partidos del eje norte, algunos sectores de la región pampeana en
sectores de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba y, en menor medida, La Pampa y
Entre Ríos, así como también áreas de la Patagonia, particularmente en
Santa Cruz y departamentos más urbanizados de las restantes provincias. Por
último la región de Cuyo muestra valores razonables solamente en las
capitales provinciales.</p>

<p>EN EL 2001:</p>

<p>En general el mapa de la mortalidad infantil del trienio 2000-2002 (mapa 6)
se muestra casi tan fragmentado como el de inicios de los noventa.</p>

<p>Tenemos también tasas altas (más de 20 por mil) en grandes sectores del
NOA y NEA. A diferencia de los noventa aparecen en ambas regiones mayor
cantidad de deparISSN</p>

<p>1133-598X · Vegueta·10/08 · página 137</p>

<p>V</p>

<p>tamentos con valores bajos. En algunos casos la disminución experimentada
evidencia inequívocos problemas de subregistro en la información13. También
se muestra cierta disminución en sectores de la meseta patagónica,
probablemente vinculada con oscilaciones aleatorias o subregistro en las
estadísticas vitales. Asimismo, el segundo y tercer cordón del conurbano
bonaerense logran mitigar parcialmente el adverso cuadro de principios de los
noventa, muy probablemente por la encomiable acción del sistema sanitario
público.</p>

<p>También exhiben altas tasas la mayoría de los departamentos Sanjuaninos, y
algunos correspondientes al interior puntano. Una situación análoga se plasma
en el norte de Entre Ríos y Santa Fe y en la pampa deprimida de la Provincia
de Buenos Aires.</p>

<p>La población sin obra social (mapa 8) sigue alcanzado porcentajes
altísimos en el NOA y NEA (alrededor de 90% del total en algunos casos). Las
razones expuestas para los inicios de los noventa se han mantenido,
consolidándose y agudizándose a comienzos del nuevo milenio: persiste la alta
proporción de población con “trabajos basura” en un ámbito con alta
proporción de población campesina y creciente marginalidad urbana. El trabajo
por cuenta propia y las “changas” ocasionales fueron casi rotundamente
reemplazados por planes de asistencia que se erigen virtualmente en la única
alternativa de subsistencia. Esto transforma a lo que otrora pudo haberse
caracterizado como “ejército de reserva” en masa marginal, dada la
transferencia intergeneracional del asistencialismo en ambas regiones, en un
contexto caracterizado asimismo por sus elevados niveles de fecundidad. Un
escaso puñado de ciudades del NOA que en los albores del pasado decenio aún
lograba escapar de este cuadro general, terminó cayendo en virtud del
explosivo incremento de sus respectivas periferias urbanas. En contraposición,
la situación excepcional que habían alcanzado varios departamentos riojanos
comienza a extenderse también a Catamarca14 .</p>

<p>En el resto del país, en general, la cobertura de salud u obra social
también resulta muy poco satisfactoria. Los dos cuartiles siguientes muestran
que el 75% de los departamentos de la Argentina tienen casi 44% de sus
residentes sin este beneficio. Sólo se sitúan por debajo de esta proporción
la ciudad de Buenos Aires junto con algunos partidos del primer anillo del
conurbano, algunos segmentos de la región pampeana en sectores de Buenos
Aires, Santa Fe y Córdoba y, en mucho menor medida, La Pampa y Entre Ríos,
así como también áreas de la Patagonia, particularmente en Santa Cruz,
Tierra del Fuego y tres departamentos costeros en Chubut y Río Negro. Por
último la región de Cuyo muestra valores razonables solamente en la zona
central de sus capitales provinciales15.</p>

<p>Aunque una tasa refleje resultados (mortalidad infantil) y la otra
(cobertura social) un potencial para prevenir o hacer frente a contingencias,
ambas tienden a coincidir estrechamente identificando sectores vulnerables (y
afectados) en lo que respecta a su salud.</p>

<p>En forma contraria a lo que podría esperarse de un país que ha avanzado en
su transición demográfica, la Argentina ha incrementado su mortalidad
infantil en algunas jurisdicciones y, particularmente, en algunos grupos
sociales más vulnerables a la crítica situación. Por otra parte, el sistema
público de salud, además de sufrir sucesivos recortes, enfrenta la demanda
creciente de pacientes de clase media empobrecida o “flexibilizada” que
carecen de ingresos suficientes, trabajo formal y cobertura social.</p>

<p>A escala nacional (Cuadro 1) el nivel de autocorrelación espacial de ambos
indicadores nos muestra mayor homogeneidad espacial en la cobertura social
(0,57 en 1991; 0,67 en 2001) que en la mortalidad infantil (0,18 en 1991; 0,30
en 2001). Consideramos que esta pauta de asociación espacial se explica porque
la cobertura social se encuentra, en general, más asociada con factores de
nivel nacional (poseer empleo o ingresos estables), mientras que en la
mortalidad infantil también pesa la acción que se ejerce desde el estado
provincial y municipal, explicando así la mayor aleatoriedad en su
distribución.</p>

<p>C) LA SITUACIÓN EN LO QUE RESPECTA</p>

<p>A VIVIENDA TAMBIÉN ES MUY ASIMÉTRICA</p>

<p>EN LA DÉCADA DE 1990:</p>

<p>Tomando la proporción de hogares hacinados (mapa 9) tenemos que en el NOA,
NEA y la Patagonia, especialmente en el norte, estos guarismos incluyen a más
de la mitad de los hogares censados. En las dos primeras regiones esto se
relaciona con su alta fecundidad, mientras que en el caso de la Patagonia es
producto del fuerte proceso migratorio, no acompañado con el mismo ritmo por
la construcción y ampliación de viviendas. La situación en el Gran Buenos
Aires muestra hacinamiento en el segundo cordón de partidos del conurbano. Al
interior de la Ciudad de Buenos Aires y en buena parte de la región pampeana,
los niveles de hacinamiento son bajos.</p>

<p>Cabe mencionar que, si se incluyeran los espacios verdes disponibles en la
vivienda, esto incrementaría el hacinamiento en las</p>

<p>ISSN 1133-598X · Vegueta·10/08 · página 138</p>

<p>áreas urbanas, especialmente en las grandes ciudades y lo disminuiría en
la mayoría de los departamentos que cuentan con ciudades intermedias o
pequeñas.</p>

<p>La carencia de retrete (mapa 11) también resulta muy elevada en el NOA y
NEA, incluyendo más del 60% de las viviendas en la mayoría de los casos.
Ocurre lo mismo en las áreas marginales de las demás regiones (meseta
patagónica, oeste pampeano y zonas alejadas de los principales oasis
cuyanos).</p>

<p>En general se observa una clara correspondencia entre las áreas con mayor
hacinamiento y aquellas que carecen de retrete.</p>

<p>EN EL 2001:</p>

<p>Durante el período intercensal 1991-2001, en el marco de una lógica de
ajuste y “retiro” del Estado, la vivienda y la infraestructura se han
tornado crecientemente en mercancías. Esto produjo un agravamiento de la
situación habitacional en la Argentina. En el marco de esta lógica se redujo
ostensiblemente la intervención del Estado en el mercado inmobiliario,
particularmente en detrimento de la clase media. La transformación del Banco
Hipotecario Nacional en Banco mayorista deja a estos sectores medios sin su
herramienta tradicional de financiamiento.</p>

<p>Al deterioro de las viviendas existentes se sumó entonces una
dicotomización de la oferta en donde tenemos, por un lado, unidades
minúsculas y deficientes destinadas a sectores de bajos ingresos mientras, por
el otro, se dinamiza la construcción suntuaria, destinada a la demanda
solvente de agentes de altos ingresos.</p>

<p>Es por ello, que la proporción de población en hogares hacinados (más de
dos personas por cuarto) sigue mostrando la peor situación relativa en las
regiones del NOA y NEA (mapa 10). La constitución de unidades familiares
jóvenes, en ámbitos de alta fecundidad relativa y escasez de medios, en el
contexto de mercantilización ya señalado, contribuyeron a la persistencia de
este déficit.</p>

<p>La región patagónica sigue mostrando problemas de hacinamiento; en
Neuquén casi con la misma magnitud que durante los noventa, mientras que en el
resto de la región la situación ha mejorado ligeramente.</p>

<p>En Cuyo ocurre lo contrario: existen mayores problemas de hacinamiento,
especialmente entre el oasis sanjuanino y central mendocino.</p>

<p>Las regiones pampeana y metropolitana de Buenos Aires muestran claramente la
fragmentación social del territorio. El contexto relativamente favorable que
presentaban a inicios de los noventa fue cambiado por otro, mucho más adverso,
en donde aparecen partidos perdiendo posiciones e inclusive ubicados en la peor
situación relativa. Es particularmente adversa la posición de la mayoría de
los partidos de la periferia del conurbano bonaerense.</p>

<p>La proporción de población en hogares sin retrete es muy elevada en la
Argentina (mapa 12). La población rural y las periferias urbanas constituyen
dos conjuntos en los que esta carencia tiene mayor peso. Es por eso que el
interior del NOA y NEA, con alto componente de población campesina y
periferias urbanas en constante crecimiento constituyen los sitios que
evidencian mejor este problema. También resulta elevada la proporción en la
meseta patagónica norte.</p>

<p>La región de Cuyo, en cambio, muestra diversidad. La capital de San Luis
experimenta mejoras pero, al igual que durante los noventa, algunos
departamentos puntanos, se encuentran en la peor situación relativa. También
las capitales de Mendoza y San Juan exhiben menor proporción de población sin
retrete. En ambos casos, sin embargo, se advierte un claro incremento en sus
periferias urbanas y, especialmente en San Juan, en el interior provincial.</p>

<p>La región metropolitana acusa un fuerte grado de fragmentación. Mientras
la ciudad de Buenos Aires y un sector del primer anillo del conurbano muestran
bajos índices de población carente de retrete, la población de casi la
totalidad del segundo y tercer anillo exhibe proporciones altas llegando, en
algunos casos, a casi la mitad de su respectiva población.</p>

<p>La región pampeana, a pesar de poseer una situación relativamente
satisfactoria, también muestra gradación hacia su periferia, incluyendo oeste
pampeano, norte de Entre Ríos y Santa Fe y la cuenca del Salado-Vallimanca.</p>

<p>Para el conjunto del país el nivel de asociación espacial de ambos
indicadores es el mayor entre todos los utilizados, es decir, los lugares más
próximos tienden a tener sustancialmente los mismos niveles de hacinamiento
(0,78 en 1991; 0,76 en 2001) y de carencia de retrete (0,78 en 1991; 0,75 en
2001). Esta elevada autocorrelación espacial guarda coherencia con una
situación estructural que tiende a retroalimentarse y resulta extremadamente
dificultoso revertir.</p>

<p>D) Los riesgos ambientales de la Argentina son muy complejos, por lo que
sólo intentaremos una primera aproximación muy limitada y preliminar que, en
términos generales, consideraremos representativa de la situación de ambas
décadas.</p>

<p>Considerando la combinación de riesgo de inundación, sismicidad,
vulcanismo,</p>

<p>ISSN 1133-598X · Vegueta·10/08 · página 139</p>

<p>V</p>

<p>tornados y pérdida de suelos (mapa 13) vemos que la región pampeana, más
específicamente la pampa deprimida y el valle del río Paraná aparecen con
alto nivel de problemas ambientales. También aparecen con problemas algunas
zonas cordilleranas en Cuyo, fundamentalmente afectadas por sismicidad,
principalmente en San Juan y Mendoza.</p>

<p>Para la década de 1990 (mapa 14), la presencia de casas de veraneo o fin de
semana es importante en aquellos departamentos que cuentan con atractivos
turísticos y, en la medida de lo posible, resulten accesibles a centros
emisores cono grandes ciudades y capitales provinciales.</p>

<p>Es por eso que hay alta proporción relativa de estas viviendas recreativas
en toda la costa atlántica bonaerense, zona de lagunas en la Pampa Deprimida y
el sur de Entre Ríos. También, en el borde de la región pampeana, se
destacan las sierras cordobesas.</p>

<p>En la Patagonia cabe destacar los casos de los lagos del sur y playas
rionegrinas. En Cuyo la zona cordillerana, especialmente en San Juan y la zona
serrana del norte puntano.</p>

<p>En el noroeste se destacan varios departamentos en las zona de valles y
quebradas, todas ellas dotadas de particular paisaje. Por último, dentro del
NEA solo se destacan las cercanías de Corrientes-Resistencia.</p>

<p>En el 2001 (mapa 15) se repite, en general, el mismo patrón. Hay retroceso
de este tipo de viviendas en algunos departamentos de la tercera corona del
conurbano bonaerense, en los cuales se incrementa la función residencial. En
la Patagonia aumenta la proporción de este tipo de viviendas, especialmente en
algunos departamentos de Santa Cruz, Tierra del Fuego y en las cercanías del
Río Limay. En Cuyo se observan algunos reemplazos de esta función por la
residencial en los dos grandes oasis (Mendoza y San Juan), en tanto que
persisten este tipo de viviendas en la zona cordillerana, especialmente en San
Juan y en la zona serrana del norte puntano.</p>

<p>El noroeste se destaca especialmente la zona de valles y quebradas, dotada
de particular paisaje, pero también se observa incremento de estas viviendas
en diversos sectores de La Rioja y Catamarca. Por último, dentro del NEA,
además de las cercanías de Corrientes-Resistencia se suma el sector costero
del departamento Laishi (cercano a la capital provincial de Formosa) y se
destaca el eje fluvial del Río Paraná.</p>

<p>Para la Argentina, el nivel de vinculación espacial de ambos indicadores
muestra que los problemas ambientales tienen mayor autocorrelación (0,58) que
las viviendas recreativas, cuya distribución podría considerarse
prácticamente aleatoria (0,15 en 1991; 0,11 en 2001). Dado que las viviendas
recreativas se encuentran en estrecha vinculación con la localización de
atractivos turísticos, su distribución presenta esta peculiaridad.</p>

<p>Luego de esta rápida y sintética descripción de la situación relativa de
cada variable, explicaremos como utilizaremos esta información para construir
un índice que abarque los aspectos que hemos considerado separadamente.</p>

<p>El primer paso para la elaboración del índice de calidad de vida es la
transformación de las tasas en números-índice parciales, la que se realizó
según el siguiente procedimiento, según el tipo de variable:</p>

<p>a) Variables cuyo incremento implica peor situación relativa (Problemas
ambientales, Población con nivel de instrucción menor a primario, Población
residente en hogares hacinados, Población sin obra social, Población sin
retrete de uso exclusivo y TMI16 ).</p>

<p>Máximo-a</p>

<p>I =</p>

<p>Máximo-mínimo</p>

<p>Por ejemplo, para transformar en índice el porcentaje de población
hacinada de Tandil, (Buenos Aires) en 2001 (20,13%) tenemos que:</p>

<p>85,42 - 20,13</p>

<p>I = = 0,85 85,42 - 8,17</p>

<p>cercano a la mejor situación relativa</p>

<p>b) Variables cuyo incremento implica mejor situación relativa (Población
con nivel de instrucción universitario y Casas de veraneo o fin de
semana)17</p>

<p>Máximo-b</p>

<p>I= 1-</p>

<p>Máximo-mínimo</p>

<p>Así, para transformar el porcentaje de población con nivel de instrucción
universitaria de Oberá, (Misiones) en 2001 (2,10%) tenemos que:</p>

<p>14,22 - 2,10</p>

<p>I=1- = 0,15</p>

<p>14,22 - 0</p>

<p>Cercano a la peor situación relativa</p>

<p>Una vez transformadas las variables resulta posible la elaboración del
índice de calidad de vida. Para ello nos hemos valido de todos los aspectos
precedentes y, considerando los avances efectuados en trabajos anteriores
(Velázquez, G; García, M, cit, Velázquez,</p>

<p>ISSN 1133-598X · Vegueta·10/08 · página 140</p>

<p>G, cit), y su grado de correspondencia con otros procedimientos
estadísticos alternativos para la selección y ponderación de las variables
(Marinelli, C, cit; Torcida, S, cit; Cepeda, R, et al, cit) hemos establecido
ponderaciones diferenciales para cada índice parcial según su importancia
relativa.</p>

<p>El componente más importante del índice lo constituye la dimensión salud,
seguido por vivienda, riesgos ambientales y variables educativas. El peso
relativo de cada elemento en el índice propuesto es el siguiente: (ver
cuadro)</p>

<p>Pesando el peso relativo de cada variable hemos determinado un índice de
calidad de vida cuyo valor teórico puede alcanzar entre 0 y 10 para reflejar
la peor y mejor situación, respectivamente.</p>

<p>Los mapas 16 y 17 muestran los resultados de nuestro índice de bienestar o
de calidad de vida para los departamentos de la República Argentina en 1991 y
2001.</p>

<p>Resulta destacable el grado de similitud entre los resultados obtenidos para
ambas décadas. En ambos casos resultan evidentes las diferencias entre las
regiones del NEA y NOA, históricamente las áreas más postergadas del país,
respecto de la región pampeana y Gran Buenos Aires, situándose las regiones
cuyana y patagónica en un nivel intermedio. En todos los casos, sin embargo,
se advierten fuertes diferencias internas.</p>

<p>Con respecto a la autocorrelación espacial, el índice se comporta como la
combiDimensión</p>

<p>Variables Peso Parcial % Peso Total%</p>

<p>Educación Ed&lt;1ria 10</p>

<p>Eduniversit 5 15</p>

<p>Salud TMI 20</p>

<p>Sobsocial 15 35</p>

<p>Vivienda Sretrete 20</p>

<p>Hacinam 10 30</p>

<p>Medio Ambiente Probambi 15</p>

<p>Vivverano 5 20</p>

<p>Total 100</p>

<p>nación ponderada de sus componentes, permaneciendo estable entre 1991 y
2001 (índice 0,58 en ambos casos). Mientras las variables de vivienda tienden
a agruparse espacialmente las de salud tienen comportamientos disímiles
(agrupamiento de Obra Social, aleatoriedad de TMI), lo mismo que las de
educación (agrupamiento de escolaridad básica, aleatoriedad de
universitarios).</p>

<p>IV. CONCLUSIONES</p>

<p>La asociación espacio-atributo hallada para los noventa, típica de la
geografía, acusó con posterioridad cierto grado de estabilidad, a pesar de la
profundización del proceso de fragmentación social, con el consiguiente
surgimiento de enclaves descontextuados de la realidad regional.</p>

<p>El índice de autocorrelación espacial utilizado nos permitió describir
con exactitud el grado de asociación espacial de cada una de las variables. En
este caso vemos que los indicadores asociados con el bienestar de la población
argentina poseen diferentes niveles de asociación espacial, tanto en lo que
respecta a su índice-resumen como a sus componentes considerados separadamente
y que esa autocorrelación resulta extremadamente coherente en 1991 y 2001.</p>

<p>Esta medición constituye, por tanto, una herramienta adicional,
extremadamente útil, para la descripción y análisis de los cambios que se
verifican en las condiciones de vida de la población argentina.</p>

<p>V</p>

<p>ISSN 1133-598X · Vegueta·10/08 · página 141</p>

<p>V</p>

<p>ISSN 1133-598X · Vegueta·10/08 · página 142</p>

<p>ISSN 1133-598X · Vegueta·10/08 · página 143</p>

<p>V</p>

<p>Notas</p>

<p>1 Para detalles sobre la contigüidad espacial y la construcción de
índices ver Velázquez y Cepeda (2005).</p>

<p>2 Destacamos la Red de Investigadores Latinoamericanos de Calidad de Vida
Urbana, las diversas sesiones sobre población y calidad de vida, realizadas en
las Jornadas Argentinas de Estudios de Población (AEPA) y en el Seminario
Internacional sobre Población y Sociedad en América Latina (SEPOSAL).</p>

<p>3 El Censo 2001 permite obtener información sobre el título obtenido,
dejando abierta la posibilidad de discriminar a quienes poseen postgrados
universitarios completos (no discriminados en 1991 del resto de los
universitarios).</p>

<p>4 Los casos “ignorados” fueron incluidos aquí, ya que suponemos que esa
respuesta refleja, en general, carencia de cobertura social.</p>

<p>5 También hicimos pruebas con el quinquenio 1999-2002, pero el resultado
terminaba ocultando algunas de las variaciones reales. (Vega et al, 2006)</p>

<p>6 Para un análisis detallado de la influencia de la estructura ocupacional
y el nivel educativo sobre la TMI recomendamos el trabajo de M. Müller (1984).
Obviamente también existen factores biológicos como el espaciamiento entre
partos, edad de la madre, peso al nacer, etcétera.</p>

<p>7 Esta última información la hemos suplido con la de 1991, la más cercana
disponible a la fecha correspondiente.</p>

<p>8 Es el caso de Caleu Caleu, Lihuel Caleu y Puelén en La Pampa; J. Ibarra,
Quebrachos y Mitre en Santiago del Estero; Vinchina, Gral La Madrid y Famatina
en La Rioja; San L del Palmar y Gral Alvear en Corrientes; Concepción en
Misiones o Tordillo y General Lavalle en Buenos Aires, cuyas TMI se presentan
como “islas” en contextos adversos y en medio de altas TMI.</p>

<p>9 Aquí también hemos incluido los casos de retrete “ignorado”,
suponiendo que la mayoría de estos reflejan la carencia del artefacto en
cuestión.</p>

<p>10 En virtud de la reforma educativa adoptada por la mayoría de las
provincias, la población ha sido asignada al nivel y año equivalente de la
vieja estructura educativa. En este sentido cabe aclarar que el nivel primario
equivale a los años 1 a 7 de la Educación General Básica y el nivel
secundario equivale al 8 y 9 años de la Educación General Básica y a todos
los años del nivel polimodal.</p>

<p>11 Básicamente con las Nacionales, cuyas carreras de grado continúan
siendo gratuitas a pesar de la constante presión. No ha ocurrido lo mismo con
los postgrados, cuya proliferación tuvo particular relevancia durante los
noventa.</p>

<p>12 Este “milagro” se forjó sobre la base del aporte del resto del
país, que se ha visto compelido a contribuir por diversos mecanismos
(promoción industrial, coparticipación, subsidios, créditos, cargos
públicos, etc.) a incrementar el caudal político de varios de los que
administraron la Argentina durante los noventa.</p>

<p>13 El caso más notorio es Santiago del Estero, algunos de cuyos
departamentos tendrían un subregistro del orden del 50% de su mortalidad
infantil durante el último tramo de la administración del clan Juárez.</p>

<p>14 Como ya señalamos, este “milagro” se forjó sobre la base diversos
mecanismos (promoción industrial, coparticipación, subsidios, créditos,
cargos públicos, etc.), contribuyendo al sostenimiento de dirigencias afines
al modelo impuesto en la Argentina durante los noventa.</p>

<p>15 Es particularmente destacable el caso de San Luis, cuya dinastía
gobernante hace alarde del bajo índice de desocupación provincial logrado,
respecto del promedio nacional. Sin embargo el incremento de la proporción de
puntanos sin cobertura social en el 2001 evidencia que este “logro” se basa
en “trabajos-basura”.</p>

<p>16 Para la TMI en 2001 hemos establecido un piso de 5 por mil a pesar de
existir registros por debajo de ese valor. Estos registros atípicos a la
realidad socio-demográfica argentina podrían obedecen a problemas de
aleatoriedad estadística que pueden persistir a pesar de tomar el promedio de
un trienio.</p>

<p>17 Para las viviendas de veraneo o fin de semana hemos establecido un techo
del 50% del total de viviendas para saturar el índice de 1.</p>

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